martes, 26 de mayo de 2009

Los Vicios no se curan...


El taladro de la obra de enfrente no deja que fluya ninguna idea coherente en esta cabeza. Sin embargo, como de costumbre, aquél hombre blanco, cuarentón, indaga con asqueroso atrevimiento mí cuerpo a través del cristal, mientras pasea su perro una tarde más, se escapa un suspiro, me invade la tranquilidad de lo cotidiano, nada ha cambiado entonces, sigo en mí línea. Lo siguiente, será que busque un vaso de agua fresca, me detendré a observar como los edificios de la meridiana se abandonan en un abrazo con sus propias sombras, casi son las ocho, no deja de sorprenderme como brilla el sol a estas horas, me disperso pensando en que cuando para ti sean las ocho, estarás en una oscura y cómplice noche de aquellas que solías regalarme... Me apartaré del cristal, en un minuto pasará de nuevo el perro y su dueño, nos volveremos a encontrar en una mirada indescifrable, pondrá esa expresión en la que intenta decir algo sin decir nada y habremos acabado este martes igual que los días anteriores...